Andrea Jaque
La iniciativa, que surgió de manera espontánea a partir de un hecho anecdótico, se implementó con rapidez y hoy se consolida como una experiencia transversal que involucra a estudiantes y comunidad educativa. La directora del establecimiento, Paola Grandón, subraya que se trata de una propuesta de formación ciudadana y educación a través de la sensibilización, donde los perros se convierten en mediadores de aprendizaje y convivencia.
Educación con sensibilidad y responsabilidad
El primer paso de los talleres fue una presentación sobre tenencia responsable y educación ciudadana, en la que los alumnos conocieron las leyes que protegen a los animales, las obligaciones de las personas cuidadoras y las instancias a las que se puede recurrir en casos de maltrato. Se enfatizó que los perros son seres sintientes, con emociones y que no se puede ser “dueño” de un ser vivo, sino tutor responsable.
Claudia Saavedra destaca que la experiencia ha sido “preciosa”, especialmente al observar cómo los niños, incluso aquellos neurodivergentes que suelen evitar el contacto físico logran conectar con los perros, sin necesidad de conocerlos previamente. “Ver que un colegio aprovecha estas herramientas es muy valioso”, afirma.
Los talleres incorporan distintos perros según sus personalidades, lo que permite derribar mitos sobre edad o raza en el entrenamiento. Además, se promueve la adopción responsable.
Durante las sesiones, los estudiantes trabajan en equipo para apoyar a los perros en sus tareas. Un ejemplo es Ema, la perrita protagonista de uno de los talleres, cuya misión se convierte en un desafío compartido: los alumnos diseñan estrategias, enfrentan frustraciones y celebran los logros, potenciándose mutuamente en un ambiente positivo.

Impacto transversal en la comunidad escolar
La iniciativa además de complementar las asignaturas y áreas formativas, integra contenidos de aprendizaje colaborativo, ciudadanía y valores comunitarios. Adultos y estudiantes participan con entusiasmo, generando un espacio de aprendizaje que combina emoción, respeto y responsabilidad.
La invitación de Claudia Saavedra y Paola Grandón es clara: que otros también se sumen a esta experiencia para replicar el modelo. “Esto es formación y va de la mano con la convivencia escolar”, enfatizan.


