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Avenida O’Higgins: La jaqueca crónica de Victoria

El proyecto de mejoramiento del acceso principal a la ciudad dejó bastante que desear a muchos vecinos, principalmente por su angosta calzada. Sin embargo, a este malestar se le suman dos grandes problemas: la inexistencia de una entrada a la Universidad Arturo Prat viniendo desde el oeste y la escasa señalización en los pasos peatonales.

Diego Palacios Aedo

El proyecto de mejoramiento de la Avenida O’Higgins, la principal puerta de entrada a la comuna de Victoria, ha sido objeto de polémica desde sus inicios. Gestionadas a partir de 2017 por la Municipalidad y fiscalizadas por el Serviu, las obras contemplaron una inversión inicial de 1.300 millones de pesos.

Sin embargo, el proceso estuvo marcado por la controversia: en marzo de 2023, la Contraloría General de la República emitió un informe detectando graves irregularidades en el rol del municipio como unidad técnica, lo que justificó las sospechas de los vecinos ante la prolongada suspensión del tránsito y los retrasos del proyecto.

A más de dos años de su entrega, la vía sigue presentando falencias estructurales que mantienen frustrados a los habitantes. La drástica reducción de la calzada, producto de un cuestionado bandejón central, generó un malestar generalizado, despertando preocupación por el riesgo que representa la angosta vía ante el eventual paso de vehículos de emergencia.

Así lo resume Sandra Zapata, Presidenta de la Junta de Vecinos N° 1 “Fuerza y Progreso”, quien, en representación del descontento de miles de vecinos, califica el resultado con una negativa rotunda:  “Fue un fiasco esta entrada de Victoria; de lo que se supone que iba a ser a lo que es ahora, creo que es la cuarta parte.  Nos quedamos peor de lo que estábamos: se invierte mucha plata para estar peor”.

Hoy, la avenida presenta desafíos urgentes en materia de seguridad, siendo el más crítico la falta de señalización en los pasos de cebra entre la Universidad Arturo Prat (UNAP) y Avenida Dartnell. La pintura desgastada los hace invisibles a la distancia, exponiendo a los transeúntes a conductores que transitan a alta velocidad.

Sandra advierte sobre la falta de letreros de ‘Zona Universitaria’ para frenar la imprudencia, recordando episodios de riesgo donde “unos chicos casi no alcanzaron a parar porque un auto pasó de largo sobre el paso de cebra”. Una visión compartida por Juan Pablo López, director de la UNAP sede Victoria, quien recalca que “la señalética ayuda bastante a prevenir que ocurran accidentes o situaciones lamentables con nuestros estudiantes o vecinos”.

Afortunadamente, aún no se han registrado accidentes que involucren a estudiantes pertenecientes al establecimiento de educación superior, pero la posibilidad de que ocurra una desgracia es cada vez mayor si no se toman las medidas correspondientes.

A la inseguridad peatonal se suma una evidente desconexión urbana. Quienes ingresan desde el occidente por la Ruta 5 Sur no pueden virar hacia la universidad, lo que se traduce en que los conductores deben recorrer por lo menos 500 metros adicionales para retornar la avenida desde la dirección opuesta.

Para el director de la casa de estudios, por donde transitan más de 1.500 personas diariamente, hay una paradoja insólita en el diseño: “Uno lo entendería si toda la avenida hubiese quedado sin accesos, pero unos metros más atrás hay un supermercado privado que sí tiene acceso en los dos sentidos”.

Finalmente, las externalidades del rediseño golpearon el entorno de la construcción. Las veredas y áreas verdes contiguas quedaron en muy malas condiciones, transformándose en tramos de agua y barro durante el invierno que dificultan enormemente el paso.

La máxima autoridad de la universidad recalca: “Cada vez que pedimos mantención de áreas verdes hay acogida, pero respecto a la estructura o la señalética oficial, no tuvimos conocimiento previo de cómo iba a quedar ni se ha resuelto el problema de fondo”.

Pese a las constantes advertencias, la comunidad siente que sus reclamos no han tenido eco. “Hubo marchas y conversatorios afuera de la universidad con autoridades, pero al final todo quedó en la nada”, reflexiona Sandra Zapata sobre la inacción local. Una frustración que se agrava ante la lejanía de sus representantes, acusando que “de los concejales pocos llegan a nosotros ni dan respuestas; falta alguien en Victoria que realmente se interiorice con lo que está pasando y con las necesidades de la comunidad”.

Y así, lo que se proyectó como una obra millonaria para modernizar la entrada a la comuna, hoy se consolida como el mayor problema vial de la ciudad.  Entre el peligro inminente para los peatones por la falta de señalética, un diseño urbano que aísla a la mayor institución educativa de la ciudad y el silencio institucional, la remodelada Avenida O’Higgins perdura como el recordatorio de un proyecto que, a ojos de los vecinos, terminó dañando la calidad de vida que prometía elevar.

Estado de uno de los Pasos de cebra de la Av. O’Higgins

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