Andrea Jaque
Algunas personas solidarias llevan alimento, pero las rejas impiden un acceso directo, obligando a lanzar la comida sobre el piso contaminado. El panorama es desolador: los perros lloran al escuchar la presencia de personas y el olor al acercarse a las estructuras es prácticamente insoportable. En uno de los caniles, ubicado hacia el sector norte, se observan ejemplares de raza Beagle en mejor estado, lo que abre la interrogante sobre un posible fin reproductivo detrás de este encierro, vulnerando también la normativa vigente considerando que la cría sin registro o la venta ilegal es considerada delito, en nuestro país.

La ausencia de responsables identificados dificulta la acción inmediata, aunque ya existen antecedentes que serán puestos a disposición de las autoridades competentes. La situación no sólo representa un grave caso de maltrato animal, sino también un foco de insalubridad.

La pregunta que queda abierta es por qué someter a estos animales a un sufrimiento tan evidente: falta de comida, encierro, antihigiene y abandono. La comunidad espera que las autoridades actúen con celeridad, establezcan responsabilidades y adopten medidas concretas para poner fin a este escenario de vulneración y dolor.
Seguiremos atentos a la evolución de este caso, con la expectativa de que se adopten medidas que garanticen justicia y bienestar para los animales afectados y salubridad para la comunidad.


