Neimar Claret Andrade
Fotos: Juan Osorio Lovys
Cuando el cabo Manuel Olivares Escalona recorre las calles y rutas de Malleco vistiendo el
uniforme militar, para quienes lo ven es uno de los efectivos desplegados en La Araucanía en el
marco del Estado de Excepción. Pero detrás de ese uniforme también hay una persona que dejó su
hogar a cientos de kilómetros y que este año pasará incluso las Fiestas Patrias lejos de su familia.
Olivares es de Los Andes y, como muchos de sus compañeros, debe permanecer durante un mes
fuera de casa para cumplir con las labores que le fueron encomendadas en La Araucanía.
“Desde el punto de vista personal —relató el uniformado— ha sido un poco complicado, porque
yo soy de Los Andes y ahora estamos acá en Angol. Uno se aleja de la familia. Yo por lo menos no
tengo hijos, pero hay gente que tiene hijos y es más complicado para ellos”.
A esa distancia se suman las fechas que el calendario no posterga porque alguien esté desplegado.
Cumpleaños, reuniones familiares y celebraciones transcurren mientras ellos continúan
cumpliendo sus turnos.
Esta vez será el 18 de septiembre.
“Por ejemplo — manifestó el cabo Olivares— saltarse cumpleaños o, como en este caso, las
Fiestas Patrias, que a uno igual le gusta estar ahí con la familia, hacer un asado y todo eso, es un
tema más complejo, pero si la labor llama, hay que estar”.
Hasta cuatro meses lejos de casa
El comandante de la Fuerza de Tarea Húsares, teniente coronel Waldo Riffo Rivas, explicó que la
dimensión familiar del despliegue pocas veces resulta visible para quienes observan desde fuera el
trabajo desarrollado por las Fuerzas Armadas.
Cada período implica permanecer aproximadamente un mes fuera del hogar y, dependiendo de la
cantidad de despliegues que corresponda realizar durante el año, la ausencia acumulada puede
ser considerable.
“Cada despliegue —explicó— es un mes fuera de la casa. Entonces, claro, ya tres o cuatro
despliegues son cuatro meses al año fuera de la casa”.
El comandante Riffo reconoció que detrás de esa cifra existen momentos familiares que no
pueden recuperarse. “Son cumpleaños fuera de la casa, son fechas importantes sin ver a los hijos,
pero entendemos que aquí es donde se requiere que estemos sirviendo”.
Asimismo sostuvo que ese costo personal es asumido por los efectivos como parte del servicio que
prestan a la comunidad y destacó que el ánimo del personal se mantiene pese a las prolongadas
ausencias.
“Las Fuerzas Armadas —afirmó— nos debemos a la comunidad y, por lo tanto, se hace con la
mejor disposición”.
También existen riesgos
Estar desplegados implica, además, exponerse a situaciones que pueden poner en riesgo la
integridad de los efectivos y que no necesariamente están relacionadas directamente con hechos
de violencia rural.
El comandante de la Fuerza de Tarea Húsares señaló que existen distintos factores de riesgo
durante las labores en terreno y mencionó particularmente los derivados de conductores que
circulan bajo los efectos del alcohol o de otras sustancias.
Para Riffo, sin embargo, asumir esos riesgos también forma parte de la misión encomendada.
“Ciertamente implica un riesgo, pero se entiende que lo estamos haciendo porque hay otros
chilenos, otras personas que necesitan el apoyo, que necesitan que el Ejército, en este caso, les dé
la seguridad para que puedan desarrollar su vida más normal”.
“Es parte de lo que elegimos”
Una mirada similar entregó el cabo Iván Infante Fuente, quien también se encuentra desplegado
en La Araucanía y reconoció que cumplir estas labores significa renunciar temporalmente a
momentos junto a sus seres queridos.
Para él, esa separación forma parte de la profesión que escogieron. “La labor hay que cumplirla. Es
parte de lo que elegimos nosotros. Y si hay que hacerlo por la Patria, hay que hacerlo nosotros”.
Mientras tanto, para el cabo Manuel Olivares el mensaje hacia quienes diariamente observan la
presencia militar en las rutas y distintos puntos de La Araucanía es sencillo: detrás de ese
despliegue existe un trabajo permanente. “Que se sientan seguros, porque nosotros estamos acá
trabajando 24/7 en pos de su seguridad”.
Así, detrás de los vehículos militares, los controles y los uniformes que desde hace años forman
parte del paisaje cotidiano de distintos sectores de La Araucanía, existen también historias menos
visibles: personas que durante semanas dejan sus casas, familias y celebraciones para cumplir la
labor que les fue encomendada lejos de su hogar.


