Andrea Jaque
“Este premio no es sólo mío, es de todos”, nos confiesa Winkler con la voz aún
temblorosa de alegría y no exagera. Detrás de su triunfo hay una comunidad entera que
se movilizó para apoyarlo, incluso personas que no dominaban la tecnología y pidieron
ayuda para emitir su voto. “Eso fue lo más maravilloso”, relata con emoción. “Ver cómo la
gente se organizaba para no quedarse fuera, para que Victoria estuviera presente, fue
algo que me marcó profundamente”.
El día de la premiación, Eduino admite haber estado nervioso. La competencia era dura,
con figuras consagradas de la cocina chilena. “Sabía que tenía mucho cariño del público,
pero no sabía si ese cariño se traduciría en votos. Felizmente, así fue y eso lo hizo aún
más significativo”.
Más allá del reconocimiento, Winkler ha logrado algo que pocos consiguen: transformar
su cocina en un puente entre lo local y lo nacional. Desde su participación en eventos
junto a chefs de renombre en Hoteles de cadenas internacionales, hasta su constante
labor por visibilizar los productos de su tierra, Eduino ha puesto a Victoria en el mapa
gastronómico de Chile y del mundo. “Yo dije: soy hijo de una pequeña ciudad que se llama
Victoria. Pero esa hermosa ciudad se escuchó en todas partes. Hoy, no alguien en el
mundo de la gastronomía que no sepa dónde está Victoria y su cordero”.
Su propuesta culinaria, centrada en la cocina territorial, rescata el valor del cordero
victoriense, los quesos, los lácteos, los productos de pequeños agricultores y
recolectores. “Aquí hay un mundo”, afirma. “Y la gastronomía puede ser el motor para
desarrollar turismo en nuestra comuna”.

Con la mirada puesta en el futuro, Winkler sueña con organizar un seminario
gastronómico en Victoria, donde cocineros, productores y amantes de la buena mesa
puedan encontrarse, compartir saberes y seguir construyendo identidad desde el sabor.
“Gracias de corazón a cada persona que creyó en mí, que votó, que apoyó, que hizo suyo
este sueño: este premio es nuestro, de toda una comunidad que cocina con amor y
orgullo.” Finalizó.
Hoy, Victoria celebra a su chef, a su gente, a sus sabores y en cada plato que Eduino
prepara, se sirve también un pedazo de historia, de comunidad y de esperanza. Porque
cuando la cocina se hace con el corazón, el mundo entero se sienta a la mesa.

