Andrea Jaque
Su historia comienza en las aulas del Colegio Santa Cruz y el Liceo Jorge Alessandri Rodríguez. La idea de “salir a caminar al cerro” parecía una fantasía. Sin embargo, la montaña lo llamó. En INACAP, al cursar turismo aventura, conoció sus primeras rutas. Allí apareció un mentor clave: Víctor Vera, hoy encargado de homologación y rescate en Pucón, quien le transmitió rigor y respeto por la montaña.
El salto definitivo llegó en Torres del Paine. Ocho años de trabajo en uno de los escenarios más imponentes del planeta marcaron su vida: escaló dos veces la Torre Norte, conquistó la emblemática “Aleta de Tiburón” y subió en solitario el Almirante Nieto en un Año Nuevo de introspección. “El turismo es así: cumples pequeños micro sueños y los conectas”, recuerda.

De regreso a La Araucanía, apostó por Malalcahuello cuando el turismo apenas germinaba. Fueron años de emprendimiento duro, jornadas interminables y la certeza de que la profesionalización era el único camino. Hoy, con una vasta experiencia, lidera Vida Nativo (vidanativo.cl), un espacio que ofrece experiencias únicas en la Araucanía andina y la Patagonia chilena: sus rutas principales contemplan al volcán Lonquimay, Sierra Nevada, Llaima y Tolhuaca; Full Day en la Reserva Nacional Malalcahuello con trekking hacia Laguna Blanca y Cráter Navidad; cascadas congeladas en invierno; además de cursos de esquí y randoné.

Su mensaje es claro: la montaña es amigable, pero con responsabilidad y seguridad. “El guía no es sólo quien conoce el camino, es tu soporte en una emergencia, el que tiene permisos y seguros, el que te enseña a decidir en la montaña. Hay muchos piratas y la seguridad del turista debe ser prioridad”, advierte.
En Vida Nativo, cada programa se adapta al nivel físico y al ritmo de los visitantes, siempre bajo un ambiente seguro y con guías certificados. La propuesta es conectar emociones, aprender de las comunidades, descubrir la flora y fauna y vivir la montaña como una escuela de vida.
Rodrigo Ibáñez Padilla es hoy testimonio de que la pasión, la disciplina y la profesionalización pueden transformar un sueño en una experiencia que conecta sensaciones y emociones, siempre con seguridad como principio inquebrantable, creyendo en un ecoturismo que abraza, que inspira y que deja huella profunda, no sólo en quienes viajan, sino también en quienes habitan el territorio.


