Edición NCA
La agricultura chilena atraviesa una crisis estructural que por décadas estuvo silenciada. La raíz
está en la concentración del poder de compra en los mercados del trigo, la avena y el maíz, donde
unos pocos molinos y agroindustrias ejercen un oligopsonio que deja a miles de agricultores sin
capacidad de negociación.
Así lo consideró el presidente de la Asociación de Agricultores Unidos, Camilo Guzmán, quien
afirmó que el resultado ha sido devastador y se refleja en precios arbitrarios, desconectados del
mercado internacional y de los costos reales de producción y agregó que lo que ocurre, en
términos económicos, es una extracción de renta, donde el valor generado por el agricultor
termina en manos de los compradores dominantes.
“Durante años —aseguró Guzmán— gremios y autoridades evitaron abordar este problema, pero
hoy, gracias a la presión de Agricultores Unidos A.G., el debate se abre en el Congreso con la Ley
del Grano, que busca asegurar que los precios internos tengan como referencia el Precio de
Paridad de Importación (PPI)”.
Asimismo dijo que Chile es un país deficitario en cereales, pues consume más de lo que produce y
depende de importaciones. “Peor aún, cerca del 70% de los alimentos que consumimos provienen
del extranjero, lo que nos deja expuestos a la volatilidad global”.
“El agricultor chileno —subrayó el líder de Agricultores Unidos— además compite en clara
desventaja. En Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, los productores reciben subsidios,
políticas agrarias robustas y excepciones tributarias que los protegen. En Chile, en cambio, los
agricultores apenas cuentan con apoyos mínimos, enfrentando solos a la agroindustria local y a
granos subsidiados del extranjero”.
En ese sentido, denunció que “compramos fertilizantes, semillas, agroquímicos y maquinaria en el
mercado internacional, pero al vender nos pagan precios inventados, desconectados de esas
referencias. Eso no es libre competencia, es abuso de posición dominante”.
El agricultor José Emilio Vester, socio del gremio, resumió la situación. “A veces, en invierno, los
precios se acercan al valor de importación, pero el resto del año no. Y cuando llega la cosecha todo
se desarma: tenemos que vender al precio que caiga, aunque sea ruinoso. Eso nos está matando.
En La Araucanía hemos perdido más del 50% de la superficie sembrada de cereales, y en el Maule
la caída es aún más precipitada”.
Molinos pequeños en riesgo
El gremio recalcó que el respeto al PPI también asegura la supervivencia de los molinos pequeños,
que no tienen la capacidad de importar granos como los grandes conglomerados.
“Cada hectárea perdida —advirtió Camilo Guzmán— significa menos agricultores y menos molinos
locales. Si el Estado no garantiza materias primas nacionales a un precio de referencia justo, toda
la cadena quedará en manos de unos pocos grupos”.
El Precio de Paridad de Importación no es una innovación ni un mecanismo artificial. En Chile ya se
utiliza como referencia en productos como el arroz, cuyos contratos comerciales se basan en el PPI
y el trigo candeal, usado en la industria de pastas, que también se transa en base a la paridad.
“Si ya usamos el PPI en arroz y trigo candeal —cuestionó— ¿por qué negarnos a aplicarlo al trigo
panadero y al maíz, que son estratégicos para la alimentación nacional?”.
El respaldo constitucional
Agricultores Unidos enfatizó que el PPI no solo es justo, sino que está amparado por la
Constitución chilena, específicamente en los incisos 21 y 24 del artículo 19.
“El PPI —sostuvo el timonel de Agricultores Unidos— no significa fijar precios, sino establecer
mercados de referencia objetivos que aseguren reglas claras. Hablar de paridad es hablar de
libertad económica real y de competencia justa”.
Desde Agricultores Unidos insisten en que esta discusión no es ideológica, sino técnica, económica
y constitucional. Pero también es un acto de patriotismo.
“Defender el precio de paridad — concluyó Guzmán— es defender la libertad económica real, es
defender el derecho de Chile a producir sus propios alimentos y no quedar completamente a
merced de las importaciones. Defender al agricultor es defender la soberanía de la patria”.

