Neimar Claret Andrade
El presidente de la Asociación de Agricultores Unidos (AU), Camilo Guzmán aseguró que, pese a que algunos medios continúan publicando artículos para tratar de convencer al público de que el negocio de la avena es próspero y justo, la realidad es que “los exportadores se quedan con la plata y los agricultores con las deudas”.
“En Chile —comentó— la avena es uno de los cultivos más importantes para los agricultores de Biobío, La Araucanía y Los Ríos, pero mientras ellos trabajan la tierra, los exportadores y la agroindustria se quedan con casi toda la plata, dejando a los productores con deudas y precios miserables”.
En ese sentido precisó que de acuerdo con Claudia Rojas, directora regional de ProChile en La Araucanía, Chile exporta avena por 250.000.000 de dólares al año, lo que equivale a más de 225.000 millones de pesos chilenos. Todo esto sale de unas 98.000 hectáreas sembradas. Si se dividen esos 250.000.000 de dólares por la cantidad de hectáreas, cada hectárea genera 2.5 millones de dólares en exportaciones.
“Pero —se preguntó Guzmán— ¿cuánto de esa plata va para el agricultor? Los agricultores reciben apenas entre 180 y 200 pesos por kilo de avena. Cada hectárea produce 5.000 kilos, lo que significa que por hectárea sólo ganan entre 900.000 y 1.000.000 de pesos, es decir, menos de la mitad de lo que la avena vale realmente en el mercado internacional”.
Sin embargo, planteó que “el costo de sembrar una hectárea de avena es de 1.200.000 pesos. Esto significa que los agricultores no sólo no tienen utilidades, sino que pierden entre 19.598 y 29.398 millones de pesos en total. Mientras tanto, los exportadores se quedan con entre 127 y 136.000 millones de pesos de pura ganancia. Ellos no siembran, no cosechan, no pagan trabajadores ni enfrentan pérdidas, pero se quedan con la mayor parte del dinero”.
“Esta situación —consideró el presidente de Agricultores Unidos— representa una extracción de renta absolutamente inmoral a todas luces. No hay otra forma de describirlo. No sólo se le está robando a los agricultores, sino a toda la economía rural. Este modelo extractivo empobrece a todos los habitantes de estas zonas, generando una vez más hambre, desolación y un abandono estructural de las comunidades rurales”.
Un abuso brutal y el silencio de la política
Camilo Guzmán recalcó que al parecer muchos piensan que lo agricultores no saben sumar y que quieren alzan la voz para decir que la producción de avena en el país está prosperando sólo están insultando duramente a quienes “madrugan para sembrar, cosechar y seguir produciendo a pesar de todo. Los agricultores no son tontos, saben que los están explotando y que los que realmente trabajan la tierra reciben sólo migajas mientras otros se enriquecen sin hacer el esfuerzo”.
“Y lo más grave de todo es —subrayó— ¿Cómo es posible que esto se permita, que se publique y que ni un político, ni una autoridad, haga algo al respecto? ¿Por qué ningún representante levanta la voz contra este saqueo? El silencio de la política es complicidad”.
El timonel de AU precisó que “los agricultores tienen que pagar por la tierra, las semillas, los fertilizantes, los tractores y la mano de obra, además, deben enfrentarse al mal clima, las plagas y los precios que bajan cuando les conviene a los compradores. Pero al final, lo que reciben por su trabajo apenas les alcanza para seguir sembrando, mientras tanto, los exportadores y la agroindustria sólo se encargan de vender la avena al extranjero y se llenan los bolsillos. Ellos no arriesgan nada, pero se quedan con casi toda la ganancia”.
Finalmente Camilo Guzmán aseveró que “este sistema está diseñado para que los agricultores trabajen y otros se hagan ricos con su esfuerzo. Si no se cambia esta injusticia, en pocos años nadie querrá seguir sembrando avena en Chile. Es hora de exigir precios justos y terminar con la explotación de quienes producen el alimento”.

