Andrea Jaque
El evento, cargado de simbolismo y emoción, se convirtió en un tributo vivo al carisma
mercedario, que desde 1218 cuando la Virgen se apareció a San Pedro Nolasco, inspira
el compromiso por la redención y la libertad.
Bajo esa mirada, el colegio abrió sus puertas a una muestra vibrante, donde el color, la
energía y la alegría se entrelazaron con el respeto y la gratitud. La puesta en escena, fruto
de un trabajo minucioso y comprometido, dio cuenta de una comunidad educativa que
honra su fe a través del arte.

El acto inició con una interpretación de “Padre Amerindio”, acompañada por la delicada
danza de una pequeña estudiante que, con su ternura, dio la bienvenida a la celebración.
El Padre Rector, Fray Alfredo Guzmán Maya, ofreció un saludo y elevó una oración a la
Virgen de la Merced, marcando el tono espiritual de la jornada.
El impecable saludo a la bandera y La Fiesta de La Tirana irrumpieron con fuerza y color,
seguida por los prekínder, quienes con carros alegóricos compartieron palomitas, pan y
volantines, en un gesto de inocencia que conmovió al público. Luego, “La Pérgola de las
flores” evocó la identidad nacional con gracia y nostalgia.

El Ballet Folclórico deleitó con cuecas vibrantes, mientras los mitos de Chiloé y la fantasía
pascuense de Rapa Nui transportaron a los presentes a territorios mágicos. Richard
Agurto y Valeria Orellana ofrecieron una cueca de alto vuelo, seguida por el chamamé
interpretado por el electivo de expresión artística de tercero medio.

La música continuó con un emotivo mix: “Gracias a la vida” de Violeta Parra, “Luchín” de
Víctor Jara y “Run Run se fue pa’l norte”, tejieron un canto a la memoria y la esperanza.
“Casamiento de negros”, presentado por alumnos junto al profesor Eduardo Astete y “Los
Momentos” de Eduardo Gatti, interpretado por Cristóbal Arias, sumaron profundidad y
sensibilidad.
Rapa Nui volvió a escena con el electivo artístico, seguido por 30 pequeños artistas del
ballet infantil Victoria Balletnitas, quienes ofrecieron una energética danza andina. María
José Herrera y Eduardo Astete sorprendieron con una cueca doble, en un juego de voces
que encantó. El Ballet Folclórico Mercedario cerró con una presentación de la zona
austral, recorriendo el vals, el paso doble y el chamamé.
La gala concluyó dejando en evidencia el esfuerzo, el cuidado y la entrega de cada
participante. Fue más que una muestra artística, fue una experiencia de redención
compartida, donde la fe se hizo danza, la historia se hizo presente y el arte se convirtió en
ofrenda a la Virgen de la Merced.

