Nanette Andrade
Un fin de semana convulsionado tuvo Angol por la ocurrencia de varios hechos. Uno de estos hechos fue el lamentable deceso del contador Carlos Morales Lagniel, mejor conocido por todos como El Gato Morales, quien dejó de existir en la madrugada del pasado domingo a los 70 años de edad.
El funeral y posterior entierro de este insigne angolino, se realizó en horas del mediodía de ayer, en medio de un clima lluvioso, lo que no detuvo la concurrida asistencia que se pudo observar en la capilla, así como en el cementerio desde donde el periodista y escritor Jorge Abasolo, comentó para Las Noticias de Malleco algunos detalles de su vida.
Comentó Abasolo que El Gato “fue compañero de liceo mío, pero él iba más adelante. Yo creo que todos los que estamos acá y los que tuvimos oportunidad de compartir con él, lo recordamos como un hombre muy amistoso. Yo diría que destacaría como faceta angular, principal, el hecho de que Carlos, más conocido como el Gato Morales, fue un tipo siempre amistoso, hacía karaoke, le gustaba cantar las canciones setenteras de cuando éramos lolos”.
El periodista ratificó el hecho de que “era muy conocido, muy querido, y si uno quería hacer o deseaba contar con su amistad, era muy fácil, porque era un muy buen conversador y había temas que le gustaban, como temas históricos, de manera que así lo recuerdo”.
Por esto, el deceso de El Gato sorprendió a muchas personas el fin de semana, pues nadie esperaba que partiera tan pronto. “Deja un vacío muy grande por ser un tipo muy amistoso, conocía a mucha gente, yo creo que por eso también que ha venido acá la cantidad de público que ha venido. Se le recuerda con cariño. Le gustaba pescar, era un buen nadador y como caminaba mucho, nos sorprendió todo esto porque fue a los 70 años, que es una edad relativamente temprana si consideramos que hoy en día el promedio de vida en Chile es de 80 para los hombres y 82 para las mujeres”.
Una gripe que se complicó
Comentó Abasolo luego de hablar con los familiares de El Gato, que tuvo una gripe hace casi un mes y, al parecer, no se tomó los medicamentos como correspondía. Familiares lo estuvieron llamando de forma insistente porque vivía solo, por lo que al no responder a las llamadas, fueron a verlo y ya estaba en cama durmiendo.
Lo trasladaron de inmediato al hospital donde permaneció unos 10 o 15 días, pero lamentablemente había un daño renal asociado, por lo que finalmente se produjo el deceso. Hoy deja un gran vacío en la plaza de Armas de Angol, así como en las calles donde siempre será recordado.

