Andrea Jaque
La representación llevada a cabo en el Centro Cultural Waldo Orellana, evocó el escenario del poblado de La Concepción, donde el entonces Teniente Ignacio Carrera Pinto, nieto del prócer José Miguel Carrera, junto a los subtenientes Montt, Pérez y Cruz, lideraron a la Cuarta Compañía del Batallón Chacabuco. Rodeados y superados en número, los jóvenes soldados lucharon con coraje, reafirmando el juramento de no claudicar jamás. Entre ellos destacó la figura del subteniente Luis Cruz Martínez, quien con apenas 15 años asumió el mando en medio del combate, dejando inscrita en la historia la convicción de que “un chileno no se rinde jamás”.
El acto conmemorativo incluyó palabras del Teniente Coronel Waldo Riffo, comandante del Regimiento Logístico N° 3, quien subrayó el valor de esta tradición militar:
“Lo más importante es que repasemos por qué estamos acá, por qué somos orgullosos de ser chilenos. En La Concepción, 77 hombres enfrentaron a 2100 enemigos. Esa determinación es la que debemos mantener como soldados: no claudicar nunca. El juramento a la bandera representa nuestro compromiso con la patria y con los ciudadanos, incluso en emergencias como inundaciones, incendios o terremotos, siempre vamos a estar nosotros para proteger a los chilenos”.

La ceremonia recordó también que los corazones de Carrera Pinto y sus subtenientes reposan en la Catedral de Santiago, custodiados como símbolo eterno de valentía y entrega. Cada 9 de julio, el Ejército de Chile renueva su juramento a la bandera, reafirmando que las nuevas generaciones de soldados son herederos de aquellos héroes inmortales.
La Batalla de La Concepción no sólo constituye un episodio militar, sino un legado moral y patriótico que trasciende el tiempo. Es la expresión de un pueblo que ha forjado su identidad en la bravura de sus hombres y mujeres y que reconoce en el sacrificio de sus soldados un ejemplo de entrega total por la patria.


