Andrea Jaque
Fotografías: Sergio Gutiérrez
La ceremonia, marcada por la participación de diversas comunidades de la diócesis, estuvo
impregnada de alegría y recogimiento. Entre los ordenados, destacó la presencia de Christian
Alfonso Torres Lagos, nuevo diácono de la ciudad de Victoria. Acompañado por su familia, Torres
Lagos culminó más de cinco años de formación y discernimiento, un proceso que lo preparó para
asumir con responsabilidad y fe este ministerio.

En su homilía, Monseñor Concha Cayuqueo recordó los tres criterios fundamentales que deben
guiar la vida de un diácono: ser parte activa de la comunidad, ser hombre de buena fama y ser
hombre lleno de amor. Con palabras firmes y cercanas, el obispo subrayó que el diaconado exige
entrega desinteresada.
Asimismo, el obispo manifestó que el diácono extiende sus manos y sus brazos de forma auténtica,
sin dobles intenciones, atendiendo al desvalido y al pobre. Ese es el propósito diaconal: ser un
legado merecido de Dios y de la Iglesia.
La ordenación fue vivida como un signo de esperanza para la diócesis, que ve en estos nuevos
servidores un puente entre la fe y las necesidades concretas de la comunidad. La presencia de
familias, parroquias y movimientos eclesiales dio testimonio de que el ministerio diaconal no se
ejerce en soledad, sino en comunión con el pueblo de Dios.
En este contexto, el Padre Párroco Ronny Guédez, de la Iglesia Sagrado Corazón de Victoria,
manifestó su alegría por la incorporación de Christian Torres Lagos al servicio diaconal. El
sacerdote destacó que Christian acompañará a la Pastoral de la Parroquia y seguramente a la
Pastoral de la Salud, reconociendo además el valor de su desarrollo profesional. Con palabras de
cercanía, el párroco ofreció sus felicitaciones y bendición, reafirmando el compromiso de la
comunidad en apoyar este nuevo ministerio.
Con esta celebración, la Diócesis San José reafirma su compromiso de formar pastores cercanos,
capaces de escuchar, acompañar y servir. Los diez nuevos diáconos, entre ellos Christian Torres
Lagos, se convierten en testigos vivos de que la vocación florece allí donde la fe se une con la
entrega generosa.


