Andrea Jaque
Su trayectoria es la de un hombre que convirtió el servicio en una forma de vida. Encargado del
alumbrado, fue rostro y respuesta en cada problema que se suscitaba, sin importar horarios ni
condiciones. “Siempre traté de atender bien a las personas, porque me encanta servir a la
comunidad”, confiesa, recordando cómo incluso quienes llegaban con mal humor podían cambiar
su actitud con un trato cordial.
La comunidad lo reconoce y lo extraña. Durante sus vacaciones, vecinos y usuarios le
preguntaban cuándo regresaba, lamentando al saber que ya no volvería a la oficina. Ese cariño,
dice, es la mayor recompensa.
Su vida laboral se entrelaza con experiencias que hablan de disciplina y orgullo. En 2011-2012
realizó un curso para oficial de ejército en la reserva, obteniendo el primer lugar a nivel nacional.
“Fue un desafío tremendo”, recuerda, evocando las jornadas de trote y gimnasio para alcanzar el
nivel de sus camaradas. Con emoción revive también el juramento a la bandera, donde lideró el
solemne acto.
Pero más allá de los reconocimientos, entre ellos el de mejor trabajador, Don Clodomiro subraya
lo esencial: la familia. Padre de seis hijos, abuelo de nueve nietos y bisabuelo de dos bisnietas,
afirma con serenidad: “Qué más le puedo pedir a la vida”.
Su labor implicaba riesgos, especialmente al trabajar con el alumbrado eléctrico y al tener que
salir en horarios poco habituales. Aun así, siempre contó con el respaldo incondicional de su
familia, que lo alentó en cada paso. Motivado por ese apoyo, decidió estudiar Técnico en
Administración Financiero Contable en la Universidad Arturo Prat.
En sus últimas actividades, fue despedido en sesión de Concejo Municipal, donde concejales junto
al alcalde de la comuna, reconocieron su entrega y compromiso.
“Quiero agradecer a Dios por la oportunidad que me dio, porque este trabajo me lo dio Él”, señala
con gratitud.
Hoy, Don Clodomiro Manríquez Cerda se retira con la certeza de haber marcado una diferencia
positiva, con la elegancia de su corbata y la firmeza de su vocación. Su historia es la de un
servidor que convirtió la luz de las calles en símbolo de cercanía y responsabilidad y que deja en
la comuna un legado de humanidad y dedicación.

