Mar 10 Febrero, 2026

Diez años de sacerdocio: Padre Ronny y su misión en Victoria

En la Parroquia Sagrado Corazón de la comuna de Victoria, el Padre Ronny Guédez celebra una década de sacerdocio. No es sólo una fecha: es el eco de un camino sembrado de búsquedas, silencios, lágrimas, encuentros y fe. A sus 39 años dijo sí al sacerdocio, cuando muchos creen que los caminos ya están trazados, él decidió responder al llamado que Dios le fue revelando en lo profundo de su historia.

Andrea Jaque

Licenciado en Filosofía en la Universidad Católica Cecilio Acosta de Venezuela, el Padre
Ronny no llegó al altar por tradición ni por comodidad. Su vocación fue alimentada por el
testimonio vivo de otro: el sacerdote Rafael Márquez, quien con su vida entregada fundó
una casa de abrigo para niños en situación de calle. “Muéstrame tu fe sin obras, que yo
con obras te mostraré mi fe”, dice el apóstol Santiago. Esa frase, sembrada en el corazón
del joven Ronny, germinó en servicio.
Pero antes de la ordenación, hubo crisis. Dos retiros del seminario, una pausa para
terminar sus estudios, y un momento de quiebre personal que lo llevó a alejarse. Fue en
Fátima, Portugal, donde el arte, la contemplación y el silencio le permitieron reencontrarse
con Dios. “Sentí que la Virgen me limpiaba, me daba ánimo. Me decía: no le digas no a mi
hijo”, recuerda con alegría y con humor agrega: “La tercera es la vencida”. Al regresar, el
obispo le dijo: “Si la Virgen despierta una vocación, el obispo debe atender”. Así comenzó
de nuevo.
Su ministerio lo ha llevado por realidades duras: pobreza extrema, violencia, lugares
donde la vida se juega cada día. “Todo lo viví para comprender a la gente y sus
problemas. Dios me ayudó a pasar por eso para que pueda entender”, afirma. Su mirada
pastoral es clara: la Iglesia debe acompañar, consolar, rescatar. Ser presencia viva en
medio del dolor.
En 2020 llegó a Chile, primero a Chol Chol, y desde julio de este año fue incardinado en la
Diócesis San José de Temuco. Hoy, como párroco en Victoria, dice sentirse feliz. “Es una
ciudad fría, pero con gente muy cálida. Mientras más sencilla es la gente, más generosa”,
comparte. Ha recorrido instituciones, bendecido hogares en nuevas poblaciones y sueña
con un trabajo ecuménico que vincule a los jóvenes en una fe que humanice, que
fraternice, que haga sentir que todos somos parte de esta ciudad.
Agradece profundamente a la comunidad parroquial que se ha sumado al trabajo pastoral.
“Estamos llamados a llevar el evangelio. La ciudad crece y el apostolado también”, dice
con convicción.
Diez años después, el Padre Ronny sigue caminando. Su historia nos recuerda que la
vocación no siempre llega en línea recta, pero cuando se enciende por el testimonio de
otro, puede iluminar muchas vidas. Porque hay palabras que se predican y otras que se
encarnan. En Victoria, encontramos a un sacerdote que consuela, que comprende y
acompaña.

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