Andrea Jaque
Se llama CC.Coffee, y más que una cafetería, es una declaración de amor por los
pequeños placeres: un buen café, un desayuno compartido, un jugo natural o ese bocado
dulce que reconcilia el día.
Pero entre todo lo que ofrece, hay una novedad que lo distingue y le da identidad: sus
wafles a elección, dulces o salados, armados al gusto del cliente, que han conquistado a
quienes se animan a probar lo diferente, CC.Coffee se atreve con sabor y corazón.
Esta apuesta nace del impulso de Catalina Correa, quien luego de una amarga
experiencia laboral decidió que era tiempo de transformar las dificultades en creación.
Con el alma por delante, le propuso a su pareja abrir una cafetería. Él, escéptico al inicio,
aceptó el reto tras observar en ella una convicción que no necesita cifras para sostenerse.
Y así comenzó esta historia: de intuición, esfuerzo y amor por el detalle.
“Es un esfuerzo gigante”, confiesa Catalina. Pero la pasión se nota. Cada rincón del lugar
está pensado con cariño, cada cliente es recibido con una sonrisa genuina, cada
preparación es una invitación a quedarse un poco más. Quienes han llegado a este nuevo
espacio coinciden: el lugar es elegante, acogedor y cuidado, con una atención dedicada
que marca la diferencia.

CC.Coffee no se detiene. Pronto incorporarán fajitas al almuerzo, sumando sabores a su
propuesta y aprovechando su horario continuado de lunes a viernes y atención especial
durante las tardes de sábado y domingo.
En tiempos de prisa, CC.Coffee propone una pausa con sentido. Un espacio donde la
calidez no es un eslogan, sino una práctica diaria. Porque cuando los proyectos nacen
desde el alma, se sienten distintos y saben mejor.

